sábado, 11 de enero de 2020

LXX

Todo lo que he hecho ha sido hablar de ti. Lenta, cansinamente. Con la oscura parsimonia de quien avanza hacia el destierro o el cadalso.
No conozco otro verbo que tu nombre conjugado en mi saliva, punzando cada centímetro cuadrado de epidermis, recorriendo mi sangre como un veneno delicado.
Obstinado, brutalmente empecinado, me resisto a pronunciar otra palabra que se aleje de tu orilla, carne en que se ahogó mi juventud apenas comenzada.

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