Todo lo que he hecho ha sido hablar de ti. Lenta, cansinamente. Con la
oscura parsimonia de quien avanza hacia el destierro o el cadalso.
No conozco otro verbo que tu nombre conjugado en mi saliva, punzando
cada centímetro cuadrado de epidermis, recorriendo mi sangre como un
veneno delicado.
Obstinado, brutalmente empecinado, me resisto a
pronunciar otra palabra que se aleje de tu orilla, carne en que se ahogó
mi juventud apenas comenzada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario