viernes, 13 de octubre de 2017

XLI

Me descubrí guardándote. Era joven la noche y largo el desencanto, mucho había perdido voluntariamente. Estaba contra el rincón, asombrado de permanecer en este espasmo de oscuridad, abrazado sin ganas a la vida.
Todo lo he despotricado, sobre todo he vertido mi opinión y mi veneno. Esta herida de distancia y de silencio es cuchilla que al traspasarme, uso de arma y de cayado

XL

También en el sueño estás distante. También allí tu rostro mira hacia otro rostro: discreta, tu mano busca el puerto de otra mano; más tarde tu labio buscará, águila, la carne descubierta de otro labio. Tus piernas cabalgarán, tú amazona, a lomos de otro potro embravecido, en otra pradera.
Hablo del cuerpo, de la tersura y el sudor que compartimos. Tal vez porque en el recuerdo es lo único tangible, Tal vez porque en el sueño hablar de tí es evocar aromas que no termino de definir, risas cuyo tono final no alcanzo a descifrar, porque tanta dulzura a cuatro manos y dos corazones después de un parpadeo me consume, porque después de la separación todo fue bruma, una vorágine que me engulle pero no termina de tragarme. Hablo del cuerpo, y en la distancia, de la distancia que separa la punta de tus cabellos y la más mínima señal de mi deseo, cada gemido que en el estertor nos llevó a afirmar la pertenencia.
Pero despierto, y es otro año que se aleja, barco, tú en él, no agitas pañoletas blancas, ni gaviotas acompañan los primeros surcos del oleaje. Y en cada orilla, y en el maderamen de tu embarcación hay llamas, y una promesa de cenizas que el viento barrerá irremediablemente.

XXXIX


En esta mano gorjeó el ruiseñor del deseo. Pero la tierra es yerma, árido el paisaje desde que emprendimos el vuelo.

XCII

Hay un ancla en ciudad del ámbar que me obliga a detenerme cuando paso cerca suyo. Aquí pasé largas tardes rumiando la última llamada, el ve...