Releo esas líneas; salgo a la calle, vuelvo, releo; antes de dormir,
repaso el párrafo que brota desde tu silencio, al despertar, lo primero
que busco es volcar los ojos sobre tus palabras.
Ignoro el
destinatario, y sin embargo anhelo en lo profundo, ser yo. Nunca veré
mayor y más descarnada declaración de cariño, nunca vieron mis ojos tal
modo de abrir el pecho para anunciar el querer. No lo volverán a ver,
tan intenso.
Y quién querría, quién necesitaría las oraciones que
durante siglos hombres y mujeres han repetido hasta hacerles perder todo
sentido, teniendo para sí lo que con tanta contundencia y tanto amor
has dicho?
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