sábado, 18 de mayo de 2019

LXVI

Releo esas líneas; salgo a la calle, vuelvo, releo; antes de dormir, repaso el párrafo que brota desde tu silencio, al despertar, lo primero que busco es volcar los ojos sobre tus palabras.
Ignoro el destinatario, y sin embargo anhelo en lo profundo, ser yo. Nunca veré mayor y más descarnada declaración de cariño, nunca vieron mis ojos tal modo de abrir el pecho para anunciar el querer. No lo volverán a ver, tan intenso.
Y quién querría, quién necesitaría las oraciones que durante siglos hombres y mujeres han repetido hasta hacerles perder todo sentido, teniendo para sí lo que con tanta contundencia y tanto amor has dicho?

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