¿Sabes que no volví a subirme al asiento trasero de un taxi, que sólo leo cuentos cuando estoy alejado del mar?
Anoche me creció la nostalgia como una enredadera. Enroscó sus ramas a
mis pies descalzos, por mi torso desnudo. Antes de cubrir mi cabeza, me
susurró al oído, con tu voz, mi nombre.
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