sábado, 6 de abril de 2019

XLV

He soñado tu casa, el ladrido de tu perro. Ya no llovía, pero mi espíritu continuaba empapado. Ya era alta y densa la noche, pero una luz dibujaba su haz en mi rostro.
Soñé tu voz haciendo piruetas sobre el aire para llegar a mis oìdos, nombrándome

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