sábado, 6 de abril de 2019

LXIV

Después de todo, este conjugarse las madrugadas, recorrer los páramos donde estaba seguro no hallaría sino la nada, ha tenido un solo propósito.
He fotografiado cada sitio en que se ha sorprendido mi pupila, me adentré en la vorágine de incontables cantinas, dispuesto a apostarlo todo; husmeé en los jardines y en los rincones oscuros de las ciudades, y en alguna madrugada delirante supe pronunciar nuevos nombres para el alba.
Si me puse en pie, trastabillante, para volver a sucumbir ante el polvo, si encendí el fuego a sabiendas de que encendía mi pura funeraria, si robé la flor de algún sepulcro, si al izar las velas de mi navío me lancé al peñasco, ha sido para olvidar tu rostro.
Y he fallado estrepitosamente

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