Después de todo, este conjugarse las madrugadas, recorrer los páramos
donde estaba seguro no hallaría sino la nada, ha tenido un solo
propósito.
He fotografiado cada sitio en que se ha sorprendido mi
pupila, me adentré en la vorágine de incontables cantinas, dispuesto a
apostarlo todo; husmeé en los jardines y en los rincones oscuros de las ciudades, y en alguna madrugada delirante supe pronunciar nuevos nombres para el alba.
Si me puse en pie, trastabillante, para volver a sucumbir ante el
polvo, si encendí el fuego a sabiendas de que encendía mi pura
funeraria, si robé la flor de algún sepulcro, si al izar las velas de mi
navío me lancé al peñasco, ha sido para olvidar tu rostro.
Y he fallado estrepitosamente
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