Te veo venir por los pasillos, enfundada en tu vestido rojo. Un extraño
pudor te rodea, da pequeños saltos en torno tuyo mientras con la mirada
buscas confrontarlo, pero en vano.
En el mar, en una de sus
orillas, camino solitario, con cierto enfado. Atrás quedó la joven horda
en el baile, yo salí a buscar una cerveza, desencantado de las luces y
la lubricidad de los cuerpos. Camino a ratos sobre la arena, a ratos
sobre el concreto.
Umbrales ambos del desastre.
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