Rompí los muros del silencio con tu nombre. Descarné espejos en la
madrugada; ebrio, animalecido, supe incendiar la distancia para volver a
nombrarte.
Para probar, una vez más, tus labios, me dediqué a escribir tu nombre en la resaca de las olas.
Hay un ancla en ciudad del ámbar que me obliga a detenerme cuando paso cerca suyo. Aquí pasé largas tardes rumiando la última llamada, el ve...
No hay comentarios:
Publicar un comentario