¿Recuerdas mis lentes oscuros madeintaiwan, mi chamarra de mezclilla
deslavada y viejísima, la inseparable cámara fotográfica de siete
megapíxeles que después extravié en un viaje de vuelta y resaca, ya sin
ti, en un estado famoso por su lago pleno de turistas obsesionados por
las aglomeraciones? En aquellas tardes, tirados sobre el pasto mirábamos
pasar las horas y las aves migratorias. Aún lo ignoraba todo de otras
latitudes, pero me esmeraba contando historias para tu oído, por obtener
el premio de tu beso.
Ese fue el único concierto al que asistimos
juntos: jazz ejecutado por desconocidos después de visitar una
improvisada galería donde exponían una fotografía tomada por mí que
después se quedó contigo.
Para cualquiera, éramos dos desconocidos
tomados de la mano al fresco de la noche mientras nos dejábamos ensoñar
por la música y por los efluvios del deseo, última fila.
¿Recuerdas la música que llenó ese rincón del mundo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario