sábado, 6 de abril de 2019

LIX

¿Recuerdas mis lentes oscuros madeintaiwan, mi chamarra de mezclilla deslavada y viejísima, la inseparable cámara fotográfica de siete megapíxeles que después extravié en un viaje de vuelta y resaca, ya sin ti, en un estado famoso por su lago pleno de turistas obsesionados por las aglomeraciones? En aquellas tardes, tirados sobre el pasto mirábamos pasar las horas y las aves migratorias. Aún lo ignoraba todo de otras latitudes, pero me esmeraba contando historias para tu oído, por obtener el premio de tu beso.
Ese fue el único concierto al que asistimos juntos: jazz ejecutado por desconocidos después de visitar una improvisada galería donde exponían una fotografía tomada por mí que después se quedó contigo.
Para cualquiera, éramos dos desconocidos tomados de la mano al fresco de la noche mientras nos dejábamos ensoñar por la música y por los efluvios del deseo, última fila.
¿Recuerdas la música que llenó ese rincón del mundo?

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