Volví, innumerables ocasiones, a recorrer las calles donde tu ausencia
dejó su huella. Soñaba, imaginaba mis pasos buscándote, persiguiendo el
aroma de cacao de tus labios.
Luego abría los ojos, encontraba
frente a mi la selva, el olor dulzón de naranjas pudriéndose al sol, la
pulpa del café al fermentarse. Nada había que insinuara la cercanía
de ciudades, y eso me permitía respirar hasta que volviera la temida y
ansiada pesadilla. En ella, tú me encontrabas en un parque y volvías a
besar mis párpados. Luego todo se desvanecía.
Volvía a recorrer la
sierra, a abrazar sus paisajes que se clavaban en mi pecho como hermosas
esquirlas verdes y azules. La granada de fragmentación del paisaje.
Bebía café con los compañeros, nunca les hablé de ti.
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