sábado, 6 de abril de 2019

LVII

Volví, innumerables ocasiones, a recorrer las calles donde tu ausencia dejó su huella. Soñaba, imaginaba mis pasos buscándote, persiguiendo el aroma de cacao de tus labios.
Luego abría los ojos, encontraba frente a mi la selva, el olor dulzón de naranjas pudriéndose al sol, la pulpa del café al fermentarse. Nada había que insinuara la cercanía de ciudades, y eso me permitía respirar hasta que volviera la temida y ansiada pesadilla. En ella, tú me encontrabas en un parque y volvías a besar mis párpados. Luego todo se desvanecía.
Volvía a recorrer la sierra, a abrazar sus paisajes que se clavaban en mi pecho como hermosas esquirlas verdes y azules. La granada de fragmentación del paisaje. Bebía café con los compañeros, nunca les hablé de ti.

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