¿Cuántas veces he de nombrarte, en cuántas lenguas he de escaldar mi lengua para conjurarte?
Como un vocablo que perdiera su significado a fuerza de repetirlo.
Pero eres el primer incendio en el firmamento, la primera y última cicatriz del duelo.
Hay un ancla en ciudad del ámbar que me obliga a detenerme cuando paso cerca suyo. Aquí pasé largas tardes rumiando la última llamada, el ve...
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