¿Sabes lo que es caer desde un tercer piso, el corazón en la mano, y la esperanza astillada en los bolsillos?
Así me sentí esa mañana, mientras fumaba el último lucky strike y miraba el cielo de Simojovel. En la cancha a mis espaldas, un montón de críos correteaban despreocupados entre gallinas y cerdos desnutridos.
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