Me parece que vuelvo a verte, la falda al viento, corriendo entre las rocas, con la firme intención de escapar al aguacero, a los arroyos crecidos de troncos y serpientes, del regaño de tu madre.
Te veo, como eras entonces, como quisimos vernos: inocentes y merecedores del amor. Estás empapada y sonríes, y tu sonrisa es una carcajada que restalla en medio de la noche.
Otra vez te veo, desde la ventana que da al pasado: tímida te desnudas por primera vez, colmas mis ojos con la curvatura de tus labios: tu cuerpo lo impregna todo, pese a su liviandad.
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