lunes, 7 de agosto de 2017

XXXIII

El agua cae sobre tu cuerpo, acentuando la turgencia de los hombros. Muerdo tu costado como un fruto venido de la madrugada; pero no despierto horrorizado, ni la noche es la palma que atenaza mi sosiego. 
Ahora el agua cae sobre el asfalto, sugiere nuevas formas de anegarse a las cloacas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

XCII

Hay un ancla en ciudad del ámbar que me obliga a detenerme cuando paso cerca suyo. Aquí pasé largas tardes rumiando la última llamada, el ve...