En un descuido, perdí todo, incluidos el celular y el corazón.
Algún hombre, más desesperado, recogió de entre los deshechos lo que cayó de mi chamarra.
Ese mediodía abordé un autobús sucio, vacío. Así estaba yo también.
Hay un ancla en ciudad del ámbar que me obliga a detenerme cuando paso cerca suyo. Aquí pasé largas tardes rumiando la última llamada, el ve...
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