Sueño poco, usualmente pesadillas. Despierto, sin embargo, y acuden en tropel los recuerdos: la primera vez que estuvimos juntos; afuera maduraban los frutos de un árbol que despues nos alimentaría tras cada entrega, entre esas cuatro paredes descubría, para no olvidarlo nunca, el lunar bajo tu seno derecho; había llovido esa tarde y la universidad estaba desierta cuando la atravesamos rumbo a mi habitación.
Te desnudé mientras me desanudabas, para rendirte pleitesía.
Ese mediodía, antes de lamer tu cuerpo, al pie del puente que después nos vio hiriéndonos, probé por segunda ocasión tus labios.
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