No hablé de ti. Hablé de tus pisadas sobre la hojarasca de noviembre, de tu cadera péndulo de fuego oscilante sobre mi humanidad, de mi lengua limadura de acero yendo inexorable hacia el húmedo imán de tu entrepierna; dije las palabras que sin lograrlo quisieron abarcarte, de las noches que navegamos por un mar de pieles anudadas, de los días de caminar a solas por pasillos largamente detestados, de las horas y los puentes que se tornaron amargas señales de tu paso por mi vida. Dejé fermentar el recuerdo en ciertas fotografías donde no aparece tu rostro, sino una imagen tuya, un rastro que señala el origen del incendio y la obligada ceniza.
No hablé de ti, no pronuncié en la vigilia o en la embriaguez profunda tu nombre. Dije palabras, oraciones que quisieron acercarse a tu tibieza, que al tratar de tocarte trocaron hielo su vehemencia y naufragaron con la misma desesperación con que un barco camaronero se hunde en el hambre o en el frío de la sal y del agotamiento.
No pronuncié tu nombre para dejar cerrar la herida, para salvarme, y sigo supurando.
domingo, 12 de marzo de 2023
LXXXVII
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XCII
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