Hablé de ti, de tu nombre con fronteras sin aduana, de los besos que en el contrabando coloreaban los bordes azulados de la ciudad cuando el sol falta a su tarea de iluminar las calles. Ladré con hambre de entibiar tu pecho, hurgué en los henares del invierno para encontrar el fuego donde tu flama ardía para señalar la hondura de la noche, y en cada rama que cayó bajo el beso de la tormenta busqué el fruto o la hoja a salvo del resquebrajamiento.
Puse mi lengua en la punta del atardecer, volví a llamarte, toqué la flama de tu ausencia, dejé romperse cada sílaba que como un dardo acercara su punta acerada hacia el arco luminoso de tu risa.
domingo, 12 de marzo de 2023
LXXXV
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XCII
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