sábado, 11 de enero de 2020

LXXIII

Urdía intrincadas trampas para despertar el lobo hambriento de tu deseo, noche a noche. Bajo la lluvia, al cruzar los puentes, miraba el horizonte para imaginar tu cuerpo. No hubo pasillo que ignorara la resonancia de tus tacones, ni flor que no envidiara, oscura, enardecidamente, el aroma de tus labios.
Ahora que he naufragado, que el arco luminoso de tu risa embruja desconocidas latitudes, busco un jardín que se asemeje a tu escritura circular.
Volver a aquellas tardes. ¿Recuerdas? Estaba a tres filas de distancia en el teatro, pero no hubo fuerza capaz de sofocar el incendio entre nosotros.

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