sábado, 6 de abril de 2019

LV

Tiemblo. El cuerpo se me hace nudo, roto cristal. Estoy en el mismo sitio donde después de recorrer un laberinto de pasillos bulliciosos, sólo tomando mi mano, sin decir palabra (la silente burbuja para dos soledades a punto de colisionar), alcancé a abrazarte.
Desconocíamos el puerto, nos desconocíamos. Pero el último bosque en calma había empollado secretamente su incendio en nuestros pechos.
Aún ahora, que la cicatriz pone cara amable, evito los primeros asientos en el transporte público, las primeras noches a la orilla del mar. Pero sigo buscando una ciudad donde nada me traiga tu recuerdo cabalgando como un guerrero determinado a vencer o ser vencido.

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