Siempre recordaré tu rostro bajo la lluvia. El minúsculo lunar en el centro de tu espalda. Las noches en el corredor de una casa perdida en una calurosa serranía.
Esa madrugada, me tenías sobre el suelo; antes de besarme -yo intenté hacerlo varias veces, infructuosamente- preguntaste: ¿en verdad quieres quedarte para siempre en este lugar?
Luego me ahogué en tu saliva.
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