Vuelvo a nombrarte, a posar mi lengua sobre el afilado acero de la distancia.
Bajo esta lluvia desolada miro las nubes del horizonte, oigo gemir los perros; en el río, sin gritos, un niño se llena los pulmones de agua.
Hay un ancla en ciudad del ámbar que me obliga a detenerme cuando paso cerca suyo. Aquí pasé largas tardes rumiando la última llamada, el ve...
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