domingo, 12 de marzo de 2023

XCI

 Quise, tras tu partida, volver a casa, abrazar el espejismo de un sitio al cual volver, pero era tarde y todas las esquinas habían sido abandonadas por los borrachines cotidianos. La casa se agrietó en un para siempre lleno de telarañas y raíces que crecieron bajo la casa y un día, no supe a qué hora, asomaron su punta por entre el suelo, afuera un ejército de zanates anunciaba su reino desde la copa de los ficus.
Dejé de hablar de ti, de frecuentar la ciudad donde el deseo acuñó su moneda de sudor y orgasmo. Pero la casa ya me era ajena, o yo había vuelto tan distinto que nunca supe dónde acomodar las maletas del tedio y volví a recorrer la calle, lo que en otro tiempo llamé el mundo, un ardiente pero minúsculo universo en el que ya no cabía el perro del recuerdo.
Quise, entonces, para ahuyentar tu aroma de cacao y fruta recién cortada, volver a mascar la tristeza del que huye sin rumbo fijo y arrié mis velas, y encallé y me hice mayor y sin hogar y solo.

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