domingo, 6 de agosto de 2017
I
Alguien habrá de amarte en esta hora, pero le hará falta el tesón y la malicia que yo supe, aunque mal, combinar con la ternura. Abrirán las persianas, sólo para cerrarlas inmediatamente, víctimas de tu pudor.
Alguien habrá de amarte esta mañana, ahora que mi pecho se oscurece como la tarde en que partimos en dos ese nosotros que hoy no sé si fue tan cierto. Aún he de soñar tus manos sobre mis manos posadas en tus glúteos, tu boca llamando mi atención.
Aquí, en esta casa que momentáneamente llamo mía, en esta fugacidad que me pertenece, escribo al aire tu nombre, te llamo y te sé ajena.
Porque uno desea lo que aún no le pertenece, lo que ya no le pertenece.
Pero nada, acaso la ilusión es nuestra pertenencia. Y de ahí parte el caudaloso manantial de esta desdicha que me inunda el corazón desde hace siglos.
Tú sabes que soy débil, que la voluntariosa sed con que te amé era apenas un escudo quebradizo que no soportó el embate de tu beso y de tu adiós.
Que habría sido capaz de ser ese otro que te posee en esta hora, aunque poco sepa de la ternura y del desvelo, del violento deseo que aviva el fuego de tu vientre
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